Miedo. A estar fea. A ser mediocre. A no hacerlo bien. A equivocarme. A explotar. A callarlo. A intentar algo nuevo. Hacer lo mismo y hacerlo mal. A salir. Que me vean. Ver mi reflejo. Cambiar de pasiones. Quedarme haciendo lo mismo. A no estar lista. A cambiar de hábitos. A no tener argumentos. A estar sola. Al tiempo. A la incomodidad. A la vejez. A no se que más. A ser mujer.
Simplemente… el miedo no se va. No es mi amigo y no es mi enemigo, me ha salvado la vida y también me la ha arruinado, solo pasa, está ahí y me procura sin intención, pues eso sí me da chance a mi de elegir cómo me voy a sentir cuando se para a lado de mi y algunas veces me paro con valentía a lado de ella y en otras dejo que me aplaste, porque me canso, la realidad es que no tengo la energía siempre al cien para enfrentar al miedo osadamente y están las famosas frases de “se vive una vez” y “disfruta la vida”, entonces cae la presión de que no estás disfrutando tu vida y a veces me creo ese engaño, después no tardo mucho en desmentirme y apreciar el sentimiento de tristeza, de derrota, de enojo, de decepción y otros “malos” estados de ánimo que llego a sentir, ya que estos usualmente vienen de la mano de aprendizaje y crecimiento.
Miedo te acepto como mi sombra. Y camino alrededor de la luz dependiendo de cómo te quiero ver.
Así mi vida. Así mi dualidad. Esta es mi condición. Humana. Imperfecta. Y aprendo a abrazarla todos los días con diferente nivel de energía.

