11 mar
Lo romántico existe, pero no es permanente. Es solo una idea y un momento tan fugaz.
Tengo muchos pensamientos románticos insertados y otros creados por mí misma. Uno de ellos es esperar a que lo “bonito” llegue; esperar a que lleguen las flores, esperar que las plantas crezcan lo suficiente para que sobrevivan solas, que la creación exista sin tener que dar algo a cambio.
Como esperar al pie de la cama por la inspiración. La realidad es que no llega así, hay que pararse corriendo para poder lograr que el día se ajuste al paradigma del buen día, enseñando a los niños la buena educación, alimentarlos lo mejor posible, inculcarles modales, mantenerlos competitivos leyendo a los cinco, hablando a los dos años de edad, ajustarlos a un sistema que ya sabemos que es imperfecto en todas sus partes, pero que así es.
No da tiempo de eso. De nada, aunque no estuviera viviendo esta etapa, no veo a la inspiración llegando de esa manera.
Tengo un duelo por dentro, que no sé como expresar, por más que intento leer sobre esto no termino de digerirlo. Entiendo la teoría, sí, pero en la práctica no termino de dominarlo, tal vez nunca lo haga, puede ser que cada día sea un micro-nano-avence, entonces debo confiar en que ya está cambiando mi interior.
Pero lidiar con esa realidad es un verdadero conflicto para mí.
Hoy se presentó la lluvia, que da tanta calma y que me provoca estos momentos de inspiración, pero esta lluvia viene de un huracán que está provocando destrozos a su paso. A mí solo me ha tocado lluvia y algo de reflexión y otros mucho trabajo y desesperanza, que en medio de una pandemia solo viene a reflejar aún más nuestra fragilidad.
Sí diera tiempo de esperar… Sería lo mismo.
Me siento en el mismo espacio, pero si me estoy moviendo.
Lo que me quiero decir es que si tuviéramos el tiempo para esperar simplemente nos ganaría la vida y nos perderíamos de esto.
De hoy, de este instante. Si tuviera tiempo de esperar nunca sucederían esos besos repentinos, los abrazos sinceros, las charlas significativas y las despedidas excepcionales, pues aunque me provoca algo de tristeza despedirme como si nunca te volviera ver me deja completa [es lo que es] porque pasa… pasa que alguna vez esa será la última despedida.

